Dificil el sendero donde muchos han pasado, yo, débil, tratando de llegar a un alma desconocida, usada, usurpada y maltratada. La veo a ella con sus ojos pardos, apuntando hacia el piso, suicidas, inconsolables. Mis palabras, vanas, inescuchables e intangibles, tratando de llenar ese vacio, lleno de dolor, dolor de nombre y apellido, dolor de un ser incompatible pero predecible. Amuralla su mente, se encierra en el olvido, reviviendo momentos eternos, ya, con fecha de vencimiento.
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